viernes, 3 de junio de 2016

Restart

Hay momentos en la vida, en que Dios se distancia de nosotros para observar como actuamos, pero jamás para dejarnos solos. Lo lamentable de todo, es que no lo pude entender hasta hoy. 
Mi corazón se ha endurecido con los años, tal cual sucedió con el Faraón en Egipto. Mi orgullo, mi ego, mi puro narcisismo, no me han dejado mirar que lo que necesito es dejar de esconderme en las mentiras que he inventado de mi misma y comenzar a ser lo que Dios quiere de mí. 

No creo ser la primera, ni la última cristiana que ha caído y ha pecado en distintos aspectos de su vida, por eso no temo escribir estas cosas porque sé que en algún lugar del mundo a alguna persona que esté pasando lo mismo que he pasado yo por años le va a servir.

Creo que es tiempo de empezar a reconocer mis errores. 

1.- Dejar de ser sincera con Dios, conmigo misma y los demás.

Hoy puedo entender por qué Dios me trajo hasta aquí. Para entender que la batalla y la obra es de él y no mía.
Desde el momento que acepté a Cristo dentro de mi corazón sentí la necesidad de ordenar mi vida, y al hacerlo tuve éxito. Dentro de mí ardía una necesidad de complacer a Dios en todos los aspectos de mi vida, y por otro lado, también, me sentía forzada a hacerlo, a causa de algunas predicaciones que manifestaban abiertamente que "Si no hay cambio en la vida del hombre, entonces no ha habido salvación". 

Mi pregunta hoy es ¿Mi cambio fue realmente un cambio hecho por Dios o mi fuerza de voluntad en complacer a Dios en aquella época fue inquebrantable hasta el momento en que mi fe fue puesta a prueba? 

Al momento de examinar mi vida espiritual actual, solo puedo pensar en que lo que viví no fue obra de Dios, sino un cambio cosmético que yo sostuve por un tiempo para, como en muchos otros aspectos de mi vida, sentirme aceptada y suficientemente buena para Dios.  
La mayor muestra para mi, de que no dejé a Dios actuar en mi vida, sino que fue obra simplemente mía, era el hecho de que un Salvado se comportará como salvado tenga compañía o esté solo. No importaba quien fuera, mientras alguien me tuviera en la mira, tenía que guardar la compostura (o la mas pura apariencia) por bien del evangelio y del nombre de Cristo, ¡Claro! tenía que demostrar que Cristo me había cambiado, pero no me daba cuenta que a quien tenía que quedarle demostrado era a mi misma y eso nunca pasó. Nunca experimenté ese cambio genuino dentro de mi misma, seguía siendo esa niña llena de dudas, de vicios, de malas intenciones, y siempre, siempre, siempre intentando aparentar algo totalmentedistinto a lo que era, y lo continué haciendo Lo único novedoso en mí era la fe, la fe en que Cristo había muerto y resucitado por mí, había y hay una creencia hacia el mensaje del evangelio, pero en mi no había obra.
En el colegio era una Cristiana, en el preu era una cristiana, en la iglesia era una cristiana, en mi barrio era una cristiana, con mis padres era una cristiana, pero en mi mente seguía siendo yo, no cristo en mí, yo.  Apenas tenía espacio para estar sola, me escabullía en mis antiguos placeres, en mis antiguas drogas, pero en las malas, en las más dañinas, oscuras, algunas de las cuales solo Dios conoce. Me embriagaba ahora no solo de mis drogas, sino de lo que ahora estaba prohibido, de lo oculto y, lo que es más penoso, de quien realmente soy. Ese lado que jamás se expone, que pocos llegan a descubrir y del cual generalmente me posiciono desde la victimización y pasividad, y no desde la aceptación de que esos aspectos también son parte de lo que son. ¿Qué soy? Muchas cosas que no han sido confesadas a los hombres, pero si a Dios. Aunque a veces, creo que lo que me haría libre, sería reconocer ante los demás quien soy y que la mentira que aparento ser cayera. 
No fue hasta el momento en que me enfermé y que mi fe es puesta a prueba, que ese lado oscuro comenzó a quedar cada vez más expuesto a los demás, el rechazo fue inminente y tuve que ingeniarlmelas para seguir aparentando algo que no era. ¿Qué fue lo que hice? Enojarme con Dios, luego conmigo misma, por no poder ser lo que Dios exigía de mí, de no poder mantener mis farsas por mucho tiempo, ni aún  comprometiéndome conmigo misma a cambiar mi forma de ser. Dios abrió mi caja de Pandora y lentamente fui perdiendo el control, fui perdiendo mi credibilidad para los demás, mi dignidad, mi reputación e incluso cosas de mi misma que yo negaba, pero Dios me dejó equivocarme para decir: mira, esto eres tú. Vuelvo a preguntar ¿Qué hice yo? Me di vueltas en mi misma, pensando que para mi ya no había solución, llegué a pensar que había perdido mi salvación, que ya no todo lo que había hecho en estos últimos cuatro años, me demostraban que Dios no me amaba,  y que me había demostrado que era una buena para nada, y que para mi ya no había vuelta. Pero el problema nunca fue Dios, él solo hizo caer mis engaños, mis engaños incluso conmigo misma, el solo dejó en descubierto la maldad de mi corazón y cuanto le necesito, pero no lo pude ver así. 
¿Cómo solucionar esto? Ser más autentica con Dios, conmigo misma y con los demás. Aunque sea todo un reto para mí, poder reconocer mis errores. Estoy aterrada,  aterrada al rechazo, aterrada a la vergüenza, aterrada de que la gente que me ama ya no lo haga más.