lunes, 20 de octubre de 2014

Reencuentro


Interpretaba la melodía aparentemente de manera perfecta, sin embargo, no la sentía perfecta. Algunos de los que le acompañaban en ese ensayo en el teatro se pusieron de pie para aplaudir. Sin embargo, todo elogio recibido retumbó dentro de su gélido corazón como una voz poco audible. 
No podía comprender como había lastimado tanto a la persona que más amaba, a la persona que daba sentido a cada nota que interpretaba de esa melodía sobre las teclas de su finísimo piano. Habían pasado unos cuantos meses desde la última vez que la había visto, y aún no resignaba al hecho de que no podría volver a sentirla entre sus brazos: Cobijar a su pequeña, a su hermana, a su amiga, a la mujer de su vida y la música dentro de su corazón. 
Las teclas del piano nunca le habían sonado tan amargas y oscuras. En un segundo sintió que su mente se nublaba, las lágrimas quisieron brotar, pero resistió y toda su tristeza, que ya había envenenado cada rincón de su cuerpo, se movió con rapidez y brotó por sus manos, dando manotazos de odio sobre las teclas. Sin querer parecer alienado, pidió un momento para salir a distraerse, estaba muy cansado y la idea del concierto lo tenía un tanto nervioso. Al parecer nadie había notado su ataque de furia, pero luego se percató de que no estaba seguro de que había sido parte de su cabeza y que era ya lo real. 
El aire congelado de aquella mañana en Austria le refrescó los pulmones, pero necesitaba moverse. La nieve pareció no importarle en absoluto, estaba absorto en sus pensamientos, en buscar una forma de recuperarse... pero el único modo, era recuperándola. De pronto, se encontró a orillas del río que atraviesa la ciudad. Miró su reflejo en el agua, y reaccionó. No, no podía vivir por ella, era necesario que viviera su propia vida, tal como lo hacía antes de conocerla. Sí, eso haría, seguiría su camino. Se sonrió así mismo y se dijo: Se feliz con la idea de que estando lejos no puedes hacerle daño.  Emprendió rumbo hacia el puente, para cruzar hacia el otro lado. Su cabeza iba fija en el suelo, meditaba en el concierto de aquella tarde... cuando pasos cercanos le hacen levantar la mirada. 
Su corazón se detiene por un instante y piensa: Me he vuelto loco, ahora alucino. 
Ella al encontrarse con su mirada escapa una pequeña sonrisa. Están a solo metros de estar juntos nuevamente. En un segundo esa distancia se ve reducida, tras veloces pasos que los llevaron a unirse en un abrazo como atraídos por un magnetismo. A través de sus corazones brotaba paz y plenitud. Dejaron de pensar, solo sentían algo inexplicable. Cada uno sintió que la parte que faltaba de sí era completa. 
Él, asustado de que todo fuera un sueño, busca su rostro, la mira a los ojos y redescubre ese brillo intenso de su pequeña, ese brillo que le decía que todo había sido perdonado y que aún le amaba. Baja la mirada hacia sus labios y le besa. Una sensación azucarada ahora le revitalizaba. Ahora sí había reencontrado su lugar.