martes, 9 de julio de 2013

Limón

-¿Qué somos? ¡Esperanza, responde!
-No lo sé, Felipe.
-¿A no? ¿Cuál es tu juego?- su respiración se alteró, no de rabia; solo intentaba mantener el dolor que fluía de su corazón al margen; lo que menos quería era que ella se percatara de cuan insignificante valor se sintió.
-¿Qué juego? ¿Acaso tu si sabes?
No podía, no podía declararle todas las ilusiones que habían pasado por su cabeza.
-Sí, pero... sé que no es lo mismo que tu pensabas.
-¿Y qué es lo que yo pienso?
-¡Basta, esperanza por favor!
-¿Basta qué?
-¿Vas a seguir? Con tus preguntas, no logro entender nada. Vamos en un espiral.
-¿Qué quieres entender?
-¿Por qué no me amas Esperanza?
Se miraron a los ojos. Ella no era capaz de pronunciar una sola palabra. Tenía millones de argumentos para no amarlo, pero no tenía ninguno para explicar porque lo hacía. Solo se resistía a creerlo, para ella el amor no era señal de un triunfo, no era más que muestra de lo débil que era.
-Tú y yo, no somos más que un mal recuerdo... Una conexión de la fantasía y la realidad, una nueva puerta de escape a lo indecifrado. Alguien está tras de nosotros escribiendo esto.
-¿De qué hablas?
-Está allí, relatando todo Felipe. ¡Nos odia!
-¿Allí?- el miró hacia todos lados-¿Dónde?
-Allí, en el mundo material, a ese imperfecto. Nosotros pertenecemos a la fantasía, a lo anhelado.
Somos infranqueables.
-No te entiendo. 
-Que bueno que no lo entiendas.
-¿Me amas Esperanza, sí o no?
-Me pregunto lo mismo respecto a ti Felipe. Caímos en la trampa. En este circulo de no saber que surge de nuestra voluntad y que es lo que surge de quién es tan egoísta con nuestra historia.