viernes, 18 de enero de 2013

Ovejuna maldad


Hace ya bastantes años que no me sucedía esto, la inspiración se había ido. Tal vez, para ser exacta, Dios y toda su inspiración se había apartado de mí, no porque él quisiera, sino por descuido mío.
Esa conexión que me hacía viajar hacia mundos mágicos y desconocidos, que me hacía explorar lo más recóndito de mi Alma… alma… alma… ¿Muerta tal vez?
¿Dónde te has marchado inspiración? ¡¿Dónde?! Ahora que es cuando más te necesito, cuando necesito ocultar a través de mis personajes, mis más íntimos temores y deseos.
-¿Para qué, ovejita?- Exclamó Míster Conciencia.  Llevaba un semblante cansado, como trasnochado.
Otra vez tú… ¿No vez como me haces sentir?  ¿Crees que no sé reconocer un error cuando lo tengo enfrente? ¿Por qué haces que mi corazón se sienta tan miserable?
-Yo no hago que tu corazón se sienta miserable, por el contrario, eres tú la que se busca sus propios males- señaló apuntándole con su bastón.
Le he fallado, otra vez… <Las lágrimas brotaron por los ojos de la oveja, mejor dicho por los ojos de Alana>
-Siempre le has fallado ¿Cuándo es que has sido una oveja fiel? Qué dolor de cabeza me llevo contigo Dios Santo, supongo que hasta el infierno es  más confortable que esto.
<La oveja no se atreve a levantar siquiera el semblante para entonar palabra alguna>
-Oveja estúpida, mírate eres puro corazón, eres pura emoción… ¿Qué harás ahora que Alana y tú son una?
Sé que me dejé dominar, estoy tan arrepentida…
-Demasiado tarde. Provocaste una fogata que se ve desde el cielo, no sé qué castigo tendremos… ¡Ah! ¡Y agradece que no te abandonara, con que lo hago no sé donde estaríamos ahora!
Da igual… <Con las manos en el rostro, suspira> El maestro ya no está, encontrarlo otra vez será tan difícil.
-Tarde para arrepentimientos, pudiste detenerte, ¡Pudiste!
¡Sí, lo sé, lo sé lo sé…!  Esta vez Alana no ha tenido culpa de nada, he sido yo la insensata de corazón, la falta de tino, la estúpida, la…
-¿fácil, querrás decir ovejita?- dijo con una ironía que caló hasta los huesos de la oveja. Martillando su adolorido corazón vacío.