martes, 16 de octubre de 2012


Sintió como que se le iba el aliento, no sabía bien si estaba perdiendo su vida, o su ser.
La sala de operaciones la esperaba con los brazos abiertos, para cambiar su vida para siempre.
El bisturí no solo le dejó una marca en su estómago, sino también en su apariencia, ya no era la misma alegre, valiente y bien rolliza, se fue entregado en brazos de sus padres un nuevo ser en nacimiento, con la sonrisa frágil, la inseguridad en las narices, pero sin duda muchos deseos ahora, de seguir viviendo, y amar a los suyos como no lo había echo antes, jamás.